El Universo es un lugar increíble, su extensión está más allá del alcance de la imaginación de cualquier criatura inteligente. Y si, lo habéis adivinado, no estáis solos en el Universo. Hasta el día de hoy ningún ser vivo ha sido capaz de catalogar ni siquiera un 1%0 de la vida existente en nuestro Universo. Obviamente si nos referimos a vida inteligente ese porcentaje mejora, pero seguirá siendo un valor ínfimo ante lo vasta que puede llegar a ser la cifra en cuestión.

Pero dejemos de divagar. Disminuamos el zoom y hablemos simplemente de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Si nos centramos en este pequeño punto dentro de nuestro Universo, las cifras siguen siendo enormes, pero al menos, son manejables. Aunque para manejar estas cifras, la forma más sencilla es limitarlas, ponerles extremos y clasificarlas.

Han existido miles de especies inteligentes. Unas se extinguieron por diversos motivos, otras mutaron a otro tipo de existencia y otras, simplemente se perdieron en el espacio-tiempo. Por ello, lo mejor es centrarse en un solo momento. Fijar la óptica en un lugar y un tiempo, por muy ambiguo que parezca el término.

A ese momento le llamaremos el año Cero, a pesar de no ser el principio de esta historia, pero no por ello dejo de ser el comienzo de algo grandioso. Pero esa historia la contaremos más tarde.

En el año Cero, la especie llamada Annunaki, abandono a su libre albedrio a los que serían sus últimas creaciones. Esta información les era desconocida, como es natural. Lloraron por sus hijos como lo hicieron con los ocho anteriores, pero estos fueron especiales, había algo en ellos que no sabían explicar. Pero esta también es una historia para otro momento.

Los Annunaki habían creado nueve civilizaciones artificiales. Estas civilizaciones estaban situadas en puntos muy lejanos entre ellas dentro de la Vía Láctea, lo que hacía prácticamente imposible que tuvieran contacto unos con otros, al menos hasta muchos miles de años después. Pero a los Annunaki aún les faltaba una última civilización que crear.

Eligieron un planeta, aislado de los otros nueve, y lo aislaron más todavía con su tecnología, limitando ciertas facetas de sus posibles avances tecnológicos. Prepararon el planeta durante siglos, para que las nueve especies fueran capaces de sobrevivir a su atmosfera. Plantaron su flora, añadieron la fauna que se requería, y, finalmente, varios miles de individuos de cada una de las nueve especies fueron colocadas en el planeta al que bautizaron como Innuna.

Sobre Innuna hablaremos más tarde. Sobre la civilización que se creó cuando las nueve se unieron socialmente también. Ahora, hablemos tan solo de las diez especies conocidas, teniendo siempre en cuenta de que nueve de ellas son artificiales.

Las especies

Annunaki: Son una raza altamente desarrollada en todos sus aspectos. Su increíblemente larga longevidad los hace parecer inmortales frente a otras criaturas. La órbita de su planeta les hace viajar por toda la vía láctea, lo que les facilita conocer multitud de sistemas solares.

Divoký: Su hogar es un lugar tremendamente hostil, donde prácticamente cualquier criatura puede matarte o devorarte sin ningún esfuerzo, pero los Divoký han aprendido a sobrevivir e incluso dominar su planeta. Son nómadas cazadores que se enfrentan a diario contra criaturas que les superan claramente en poder.

Drapaire: Cada individuo es único, y es porque lo único que tienen en común entre ellos suele ser una CPU altamente desarrollada. Son criaturas sintéticas, puramente electro-mecánicas que se construyen a sí mismos con la chatarra electrónica y mecánica que encuentran en sus viajes.

Gronk: Rudos y muy avanzados tecnológicamente. Poseen la tecnología necesaria para hacer largos viajes espaciales (aunque muy lentos). Su obsesión por la guerra y la supremacía militar los hace violentos, directos y poco sutiles.

Nazgell: Unas extrañas criaturas cuya meta es el conocimiento. Poseen las capacidades de Terraformar planetas enteros para colonizarlos basando sus avances tecnológicos en su desarrollo biológico.

Nyama: Los nyama son criaturas de ascendencia reptiliana, viven en Ki, el planeta donde residen los Sag-Giga, sin que estos apenas conozcan de su existencia. Son una raza altamente desarrollada tecnológicamente hablando, pero estancada socialmente debido a su longevidad.

Reiter: Los Reiter viven en un mundo repleto de magia y caballeros, donde la espada y la brujería ayudan a los reyes a mantener sus reinos del poder de otros reinos y criaturas. Su planeta es un lugar repleto de seres fantásticos.

Sag-Giga: Una civilización puramente social en la que emperadores dictan las leyes y donde la mayor parte de la población vive en la pobreza o esclavitud. Un lugar donde la tecnología de la edad de cobre se mezcla con potentes artefactos científicamente muy avanzados cuyo origen se atribuyen a los dioses.

Sillheros: Su desarrollo científico supera con creces su evolución natural a su entorno. Son unos humanoides pequeños de largas extremidades y gran cabeza. Son crueles y amorales y buscan el desarrollo científico sin importar los costes de cualquier tipo.

Xilas: Una civilización con un desarrollo social y tecnológico cercano a dar el salto espacial, aunque destruido por las envidias y guerras internas de su sociedad. Los pocos Xilas que sobreviven, lo hacen en un entorno hostil y sin posibilidad de desarrollo, donde la mayor meta a alcanzar es lograr ver un nuevo día.